Taller de estructuras metálicas

Los imperios del oro.

En América, los hombres descubrieron los metales mucho más tarde, desarrollaron técnicas completamente diferentes para trabajarlos e incluso les asignaron otro orden de importancia.

En el viejo mundo, el cobre tuvo una gran importancia; en el nuevo mundo por el contrario, el cobre quedo relativamente olvidado.

Los metalistas del continente americano prefirieron trabajar el oro, elección que cambió profundamente el papel que los metales iban a desempeñar en las sociedades precolombinas.

Aquí en América utilizaron herramientas de piedra en lugar de cambiarlas por las de metal, un ejemplo de ello fueron los peruanos quienes pudieron tallar y ajustar piedras de construcción de tal forma que sus palacios y templos fueron levantados sin usar mortero. Por otra parte, en los grandes lagos, donde el cobre nativo podía extraerse de las montañas cupríferas a golpes de hacha, los indios lo martilleaban para construir puntas de flecha y de lanza, pero nunca aprendieron a fundirlo.

El metal que predominaba era el oro, pues en América había abundancia de yacimientos auríferos. En los andes peruanos, donde se desarrolló casi toda la historia de la antigua metalurgia americana del oro, era quizás el lugar más rico en este metal de todo el globo terráqueo. Cuando se estaba formando la corteza terrestre, el magma se enfrió y cuando se elevaron las montañas, las vetas de oro quedaron expuestas, y el metal se rompió en pepitas, que fue como lo descubrieron los andinos.

A lo largo de México y América central se construyeron 4000 centros religiosos de piedra utilizando el metal ya trabajado. Tan grande era su esplendor que, cuando en 1520 el gran artista alemán Alberto Durero contempló el tesoro dijo esta frase "Nunca desde que nací vi algo que encendiera tanto mi corazón como estos objetos".

Todo el oro que había desapareció, fue fundido por los españoles y repartido entre ellos, pero gracias a artistas que escribieron sobre estas obras y los moderno arqueólogos queda claro que la diversidad y la maestría de los antiguos orfebres americanos eran asombrosas.

El origen de la metalurgia en América no se ha podido explicar, lo que si se cree es que partió de los Andes para extenderse de ahí a las regiones vecinas. Los andinos que trabajaron el metal fueron los de Chavín de Huntar, cerca del actual Huenaco, en Perú, empezaron a hacer láminas de oro, trabajando el repujado, utilizando para ello herramientas muy simples como huesos y piedras.

Las primeras aleaciones de oro y platino fueron hechas por los ecuatorianos, probablemente antes del final del primer milenio.

La temperatura de fundición del platino es de 1650 grados centígrados, por lo que no se podía fundir en los hornos de aquella época, así que para combinarlo mezclaban oro con granos de platino y después calentaban la mezcla hasta que las partículas de oro se fundían, con lo que conseguían que las partículas de platino formaran una masa compacta, luego martilleaban la mezcla y la calentaban repetidamente hasta que parecía homogénea. Actualmente se utiliza el mismo principio, bajo la denominación de metalurgia pulverizadora, para tratar otros metales con elevados puntos de fusión como el carburo de tungsteno y el titanio.

Otra aleación americana fue la tumboga, esta aleación hacía que cuando las cantidades de cobre eran elevadas pareciera oro; con el uso de esta técnica, se pudieron producir objetos de "oro" utilizando hasta el 50 % de cobre. Cuando se quería un color rojizo en el material, la adición de cobre al oro hacía que la mezcla fundiera a una temperatura inferior al punto de fusión de cualquiera de los metales separados, y el producto final era tan resistente como el bronce.

La ventaja de la tumboga consiste en que, una vez acabado el objeto, puede extraerse el cobre de su superficie, dejando al objeto con el exterior de oro puro. Este ingenioso proceso es exactamente lo opuesto al chapeado de oro; en vez de añadir oro a la superficie del objeto, se extrae hacia la superficie del mismo.

En Perú, la técnica de la tumboga fue aplicada a la aleación de tres metales: cobre, plata y oro. Los metalúrgicos han llegado a la conclusión de que el cobre era extraído por un proceso de oxidación y adobo, para después bañar al objeto en una solución corrosiva que extraía la plata. Una pasta de sulfato de hierro molido mezclado con sal de mesa común producía el resultado.

Artesanos colombianos descubrieron el secreto de la fundición por el método de la cera pérdida. Moldeaban sus objetos con cera de abeja, los cubrían con una fina capa de carbón de leña pulverizado y mezclado con arcilla para alisar la superficie del molde, después cubrían el modelo con arcilla húmeda y lo calentaban para que el molde se endureciera y se fundiera la cera.

Otra técnica, utilizada por los mixtecas, fue la filigrana; esta operación consiste en curvar y soldar ligeros filamentos para darles la forma deseada. Para hacer estos trabajos de filigrana, los mixtecas introducían en el interior de un molde de arcilla un fino hilo de cera reblandecida a través de algún tipo de tubo, quizás el tallo hueco de un junquillo. Cuando la cera salía del tubo, se la retorcía en un dibujo, tal como los modernos pasteleros ponen adornos en un pastel, la destreza requerida para hacer esto los convierte en maestros de este trabajo.

Actualmente, los descendientes de aquellos artesanos incas, que trabajaron tan exquisitamente el oro y la plata, son mineros que buscan satisfacer las necesidades de la nueva era.

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